Cataratas submarinas: ¿Ilusión óptica o realidad?

Cuando vemos esta imagen, lo que menos se nos ocurre pensar es que sea una imagen real. Podría ser una obra surrealista de un talentoso artista, una fotografía retocada con Photoshop o una ilusión óptica. Y lo cierto es que está muy relacionado con esta última suposición.

Para poder conocer que ocurre exactamente en este lugar, tenemos que irnos al océano Índico, en concreto a Isla Mauricio situada a unos 2000 kilómetros de la costa sureste del continente africano.

La imagen es cien por ciento real, pero lo que se produce es una ilusión óptica provocada por la acumulación de depósitos de arena y lodo bajo el agua. El efecto visual que producen estos sedimentos puede apreciarse desde el aire o bien a través de imágenes de satélite.

El intenso azul del océano contrasta con una increíble gama de tonos azules, verdes y blancos que confiere a esta imagen una grandeza sin igual.

Estas cataratas bajo el mar se producen cuando el viento frío y persistente enfría las aguas marinas superficiales, éstas aumentan de densidad y, consecuentemente, se hunden masivamente y a gran velocidad formando masas de agua que discurren a través de cañones situados a miles de metros de profundidad.

Estas cascadas submarinas arrastran gran cantidad de agua y sedimentos, que erosionan el fondo, así como materia orgánica de alto valor nutritivo que sirve de alimento a las criaturas de los fondos abisales.

Ubicado en el Océano Índico, Isla Mauricio es la segunda mayor isla del archipiélago de las Mascareñas tras la isla francesa de la Reunión, situada a unos 170 kilómetros al sureste. Su soberanía se extiende a las vecinas islas de San Brandón o Cargados Carajos, Rodrigues y las islas Agalega, siendo el marinero portugués Pedro de Mascarenhas el primer occidental en llegar a las islas en 1513. Tras los lusos, la isla fue dominada por los holandeses, franceses y finalmente británicos, obteniendo la independencia del Reino Unido en 1968.

La Tierra de los Siete Colores, en la zona de Charamel, ofrece todo un espectáculo de colores que cambian en función de los rayos del sol, que van desde el ocre al violeta, pasando por el rojo o el marrón.

Este curioso fenómeno es digno de maravillarse y reconocerse.

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